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"Dono gràcies als pares, per preparar el camí. A les professores, per il·luminar-lo..."

Dissabte passat 7 d’abril, va tenir lloc l’acte d’imposició de beques de la promoció Càdec 2018. A continuació podeu llegir els discursos de les secretàries del curs.

Por fin, después de trece años -quince para algunas- nos vamos de este colegio. La verdad es que nos los hemos pasado muy bien; pero hay que decir que somos un curso maldito.

Para empezar, en el cambio de 4º a 1º, nos mezclan de clases y nos separan por itinerarios: científico y social-humanístico. Después, toda la vida esperando llegar a bachillerato para estar en el primer piso y no tener que subir escaleras, y nos ponen en el segundo. Luego, deciden cambiarnos de edificio. Además cambian historia a obligatoria en la sele. Y para rematarlo, llueve en nuestra graduación…

Pero hay que decir que esta maldición nos ha aportado muchísimo. Y es que desde que nos han mezclado, la rivalidad entre el antiguo A y B ha desaparecido; con el cambio de edificio solo subimos un piso y además estamos como reinas aquí arriba; en historia, bueno... tendremos que estudiar; y si llueve, será porque Dios quiere. Eso sí, de nuestra maldición, decido quedarme con lo más bonito. Y es que hemos formado nuestra pequeña familia en Pineda.

Desde muy pequeñas hemos vivido muchos momentos especiales. Empezamos con los festivales y conciertos de navidad, que en la ESO es de lo que más nos ha unido, los patios de la ESO hablando entre todas, cuando jugábamos a vóley o saltábamos a la doble comba, la Comunión y la Confirmación, todas las tonterías entre clase y clase, cantar a lo loco o escuchar OT, ir a las Cangur, las comidas de final de curso en el comedor, los viajes a Madrid, Navarra o Torreciudad, y muchos más.

Y es que todos estos momentos han hecho que cada una de vosotras sea muy especial. Cada una aporta su sonrisa a la clase, haciendo que sea un curso inigualable y único. Y ahora después de todos estos años, solo nos quedan finales y la selectividad. Espero que cada una de vosotras, entre a la carrera que quiera y que todo en la vida os vaya súper genial (aunque nos seguiremos viendo).

Por último agradecer el trabajo y la paciencia de las profesoras en clase, el trabajo del consejo de dirección, el apoyo de los padres y familiares, y a todo el mundo por venir. Y ahora a seguir estudiando.

* * *

No recuerdo gran cosa del día que entré por primera vez en Pineda. Solo me acuerdo de que era un día lluvioso, como hoy irónicamente, de que casi pierdo el autobús y de lo que se enfadó mi madre por perder un paraguas que no hacía ni 24 horas que había estrenado.

Sin embargo, ese día pasó mucho más que eso, aunque yo no me diera cuenta al momento. En aquel día de Septiembre pasé a formar parte de algo. Algo a lo que el colegio ya se encargó de ponerle nombre: Càdec. Así fue como nombraron a la promoción a la que tanto yo como mis compañeras pertenecemos, y parece increíble que al acabar en junio los exámenes sea la hora de ceder este nombre a una nueva generación.

Nosotras nos vamos, pero ya nos hemos encargado de dejar una huella aquí. No tan solo metafórica, sino también físicamente. Es por esto que se está guardando una pequeña porción de tierra, muy cerca de donde estuvimos durante nuestras primeras clases, para plantarla. Plantar la semilla de un càdec, un pequeño árbol de enebro que conforme pasen los años crecerá como también lo haremos nosotras, con raíces fuertes, bien asentadas, y ramas que, aunque a veces parezcan lejanas, siempre acabarán encontrándose en un mismo tronco. Como pasa con todo, sé que empezará con unos primeros brotes, aquellos que estarán en el grupo desde el principio, los veteranos, y serán testigos de cómo poco a poco van naciendo otros nuevos, hasta formar el árbol completo.

He descubierto, al revivir anécdotas pasadas entre carcajadas, que mi infancia son recuerdos de un patio de Pineda, donde nos hemos manchado la falda con tierra hasta que se quedó demasiado pequeña.

En el recreo hemos disfrutado de muchos días buenos, tostándonos bajo el sol entre juegos de pelota, festivales de fin de curso y litros y litros de crema solar. También cuando llovía lográbamos pasar un buen rato, sobre todo porque solo entonces te dejaban comer en clase. Recuerdo incluso un día en Primaria en que las copas de los árboles se tiñeron de blanco y salimos pitando de clase para ver lo que para algunas fue nuestra primera nevada. Corríamos, saltábamos e intentábamos coger algún copo para poder mirarlo de cerca. Una escena igual de inocente y divertida que la del mes pasado, cuando volvió a nevar. Había pasado ya casi una década desde entonces, pero por un momento pudimos parar el reloj y volver a ser unas tiernas niñas de diez años.

Pero inevitablemente el tiempo sí ha pasado. Me siento como si hubiésemos estado interpretando el papel principal de una película todo el rato para descubrir que ahora en pantalla no aparecen más que los créditos finales. Y los agradecimientos, claro. Porque este largometraje no habría sido posible sin nuestros “espectadores”, unos muy especiales y valientes que no se han limitado a mirar y aplaudir, sino que se han atrevido a entrar en escena y ser consejeros, maestros, padres y guías, para así poder indicarnos hacia dónde dar el siguiente paso.

Y ya solo queda mencionar a las actrices protagonistas,

Las que compartimos apuntes a medianoche,

Y sueños durante el día.

Prometo acordarme de nosotras.

No importa el cómo, cuándo y dónde.

Pienso ahora en los recuerdos que creamos.

Los que guardo no en mi cabeza,

Sino en un rincón no muy grande y estrecho,

Pero profundo en mi pecho.

 

Os miro y pienso en cómo

Habéis dejado de ser un recuerdo de quienes erais,

Para convertiros en la prueba de quienes sois

Y el principio de quienes seréis.

Asusta saber que están cerrando esta clase,

Este momento,

Con llave,

Y que cambian las tizas gastadas,

Pero que ya no serán para nosotras.

Aunque si es con este grupo,

No sé si prefiero que me dejen fuera

O quedarme dentro.

Porque ha sido bonito.

Tal vez no de color rosa,

Pero sí pleno, nuestro.

 

Doy gracias a los padres,

Por preparar el camino.

A las profesoras, por iluminarlo.

Y a vosotras, compañeras,

Por estar a mi lado

Y ayudarme a cruzarlo de la mano.

Gracias.

 

 

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